El experimento
Ya han oído mi opinión acerca del Samsung Omnia W en ENTERmedia TV. Pero decidimos hacer un experimento con él, aparte. Decidí, para ello, dárselo a mi mamá y que fuera ella la que hiciera un review del teléfono.
Su perspectiva debe ser bastante distinta de la mía. Quizá mi mamá no está en la bleeding edge de la tecnología como suele pasar conmigo. Pero sabe una o dos cosas sobre computadoras. Tiene su propia laptop, utiliza Ubuntu como su sistema operativo, y sabe bastante más cosas de computación, internet y geeks que una mamá promedio. Tiene que serlo, mi papá y mis hermanos todos somos geeks en distintos grados. Así que básicamente le di el teléfono, le dije, juega con él, y después me dices qué opinas. La única ayuda que recibió de mi parte fue ponerle la clave del WiFi (que por culpa de mi papá es como de un millón de caracteres aleatorios… no estoy exagerando).
Jugó con él durante tres días, luego se lo quité para grabar ENTERmedia TV y luego lo probó otros tres días. Al final de la semana, la entrevisté, y le pedí que me diera su opinión.
Primera impresión
¿Qué fue lo primero que pensaste cuando viste el teléfono?
Que era Samsung. Luego pensé que era muy pequeño. Pensé que sería más grande. Yo nunca había usado un teléfono de ésos. Ah no, si había usado, pero no me había gustado. Porque era touchscreen. No me gustan porque luego no me hacen caso, pero ése si me hacía caso.
Tuve que usar el dedo chiquito para escribir en el teclado (hace un gesto con el dedo meñique). Si usaba los otros dedos le daba a las otras letras. Pero después aprendí a usar el dedo chiquito. No escribía muy rápido pero no importa porque sólo tenía que escribir las cosas una vez. Y ya después las recordaba, sólo tenía que escribir una letra y aparecían. (Se refiere al navegador, y cómo recordaba las direcciones a las que había ido anteriormente)
Como bien saben, el Samsung Omnia W es un Windows Phone. En este momento los Windows Phone no son exactamente comunes, incluso para nosotros los geeks. Así que mi mamá, desde luego, no había probado uno. Tampoco había visto uno.
Yo no lo puedo comparar porque no he usado otros. Pero a mí me pareció muy bien. Usé el internet, la cámara. Lo que más usé fue el internet, prácticamente. Pensé que iba a batallar más, pero no.
Le mostré las pantallas de inicio de los tres sistemas operativos. Y esto fue lo que tuvo qué decir al respecto de cada una.
iPhone. Ay no, está muy recargado.
Android. Ay, no. Es muy complicado. Tienes que ver muchas cosas.
Windows Phone. Este es más sencillo, es más amigable.
Así que le gustó Windows Phone, y tuve varias cosas buenas que decir al respecto. Que sí se compraría un teléfono con Windows Phone, por ejemplo. Pero de Bing, el buscador de Microsoft, no tuvo halagos.
No, nunca me ha gustado Bing. Lo usaba para buscar Google. Hubiera preferido que estuviera configurado con Google. Que estuviera como estaba pero no tuviera Bing.
¿Entonces hacías 100 búsquedas diarias de Google en Bing? Le pregunto, riendo.
No, porque luego ya sólo ponía la G y aparecía Google solito.
Para mi edad es muy pequeño.
Es verdad que la mayor parte de la tecnología no está hecha pensando ni en personas con discapacidades, ni en personas mayores. Las personas mayores usan menos tecnología no sólo porque es más difícil aprender cosas entre más avanzada sea tu edad, si no porque hay ciertas cosas que la tecnología omite por completo. Por ejemplo, la letra pequeña. Quizá nosotros nunca pensamos en ello, pero un adulto de más de 50 años que tiene vista cansada, encontrará difícil ver una pantalla pequeña. O como dijimos en el programa, un teléfono tan delgado como el Omnia W no es factible para una persona con artritis.
A ti a veces se te hace difícil leer cosas pequeñas, le digo.
Sí, pero no. Lo veía muy bien. Y eso que no traía mis lentes nuevos. No batallé con el teléfono, aunque tiene la letra así, chiquita. Pero entonces hacía (hace gestos con los brazos de pinch y zoom). Para mi edad es muy pequeño, quizá si fuera ligeramente más grande.
Entonces le conté del Galaxy Note.
Ay, qué padre. Me gustaría más un Galaxy que un iPhone. No es por nada pero, Samsung siempre me ha gustado mucho. Te digo, ese teléfono tengo años con él y no pienso deshacerme de él. (Esta hablando del teléfono en la foto).
Le conté de cómo el Omnia W tiene una pantalla de 3.7 pulgadas, la del iPhone es de 4 [corrección, aunque le dije a mamá que la pantalla del iPhone es de 4 pulgadas, en realidad es de 3.5] y la del Galaxy Note de 5.
A lo mejor de 4.3 estaría bien, porque de 5 ya es casi una tablet.
All you need is the Internet.
¿Lo usabas para cosas distintas para lo que usas la compu?
No, veía los mismos sitios. No chequé el mail por ejemplo, pero leía los mismos sitios. El periódico, el Pinterest, noticias, no me metí a leer libros ni nada.
¿Lo usaste para ver vídeos?
Uno que otro. De Friends. Estuve viendo bloopers de Friends, que me encontré en YouTube. Es que quien sabe qué andaba buscando y me apareció un video de Friends. Estuve atacada de risa por horas. Bueno, no horas, eran como tres de 14 minutos, así que como 40 minutos.
40 minutos, y ¿no te cansaste? (Además de que mi mamá se aburre rápidamente de casi todo, pensé que la pantalla tan pequeña del teléfono le molestaría)
No. Bueno, es que no lo tuve todo el tiempo. Lo puse acá (señala el escritorio, donde lo recargó). Y escuchando también.
Tiene muchas aplicaciones, ¿las descubriste?
Ah, sí. Que el calendario y la calculadora. Pero es lo mismo que los otros teléfono antiguos y esos. (Es verdad, hasta los Nokia de viborita traen calculadora, ¿no?)
También le duró bastante la pila. Lo tuve varios días y no se le acabó. Y no lo recargué. Bueno, claro lo dejaba siempre apagado (realmente quiere decir bloqueado, es decir con la pantalla apagada).
Al otro día ya lo extrañaba.
Al final de todo, le hago la pregunta del millón de dólares ¿Te comprarías uno?
O sea, ¿un smartphone o un Samsung? Porque de aquí a que me decida. Ya pasó de moda, y ya no está en el mercado.
Este teléfono en particular
Si, si me lo compraría.
Al otro día ya lo extrañaba. Cuando te lo llevaste pensé por un instante, pensé, ¿dónde quedó el teléfono? Y pensé, ay, ya no lo tengo.

