Cuando era niño mi entretenimiento preferido eran los videojuegos. Perdía tardes enteras con Mario, Sonic y otros héroes pixelados. Los fines de semana prefería encender mi NES, que salir a la calle. Al mismo tiempo que desarrollaba el gusto por los videojuegos, me apasionaba leer del tema. Las revistas nacionales eran inexistentes, así que recurría a literatura en inglés.
A diferencia de muchos, que querían estar en el mundo de los videojuegos desarrollando; a mí me gustaba más la parte informativa. Periodismo, que le llaman. Pero en mi hogar ese arte no lo practicaba nadie y, casi por herencia, terminé estudiando otra cosa muy distinta. No me arrepiento, aprendí todas las cosas técnicas que hoy al comunicarlas se me hace tan fácil, pues las entiendo desde mis épocas escolares.
Yo seguía viendo de lejos, y con gran entusiasmo, como la industria de los videojuegos crecía y en una ocasión me enteré de la Electronic Entertainment Expo o E3. En ese momento me dije: “tengo que ir aunque sea una vez en tu vida”.
Me siento afortunado porque, llegado el momento, pisé un E3 y al día de hoy sigo pensando que es uno de los eventos internacionales más divertidos a los que puede asistir la prensa y el público en general.
Pero, ¿cómo es vivir un E3? Las veces que he asistido a esta expo, no ha sido por invitación de alguna marca, sino con recursos del trabajo. Lo que quiere decir, que uno está en la libertad de recorrerlo a su antojo. O al menos eso creía, porque un buen amigo me recomendó que hiciera la mayor cantidad de citas posibles y solo atendiera al calendario. De lo contrario, es tanto el contenido y tan grande el Centro de Convenciones de Los Ángeles, que terminaría viendo todo y nada. Por fortuna mía, le hice caso.
El E3 es inmenso. Caminar de un salón a otro toma aproximadamente unos 8 minutos. Muchos tuvieron la osadía de comparar el Electronic Game Show -que se realiza en el DF- como el E3 de Latinoamérica. Y yo les digo: están muy equivocados. El EGS, nada tiene que hacer frente al monstruo que es el E3.
Los booth de las compañías derrochan miles de dólares. Suelen ser muy grandes y con mucha tecnología de por medio: pantallas gigantes, juego de luces, escenarios para bandas o DJs, y decenas de consolas presentando lo último. En E3 se pueden jugar títulos que no llegarán a las tiendas en meses, a veces en años. Se puede caminar y encontrar a personalidades del periodismo internacional y también, con un poco de suerte, actores y actrices de talla internacional. Y el ambiente en general, es de ensueño.
Pero no todo es lindo. Vivir un E3 puede resultar agotador; las jornadas de trabajo empiezan a las 7am y terminan a altas horas de la madrugada. Y se camina por kilómetros dentro del Centro de Convenciones. La única comida bien hecha en lo que dura el evento es la cena, porque el desayuno apenas da para algo muy rápido y en la comida se pesca lo que se puede con el tiempo tan reducido que queda. Al terminar el E3, el cansancio llega a niveles muy altos y la recuperación puede tomar varios días.
Al final, el balance de cada E3 ha sido positivo. Nada se compara a ser testigo de los últimos lanzamientos en la industria de los videojuegos, a probar antes que nadie los juegos más recientes o probar hardware prototipo; a intercambias palabras con colegas de todo el mundo; a conocer a todas esas personalidades de la industria que admiramos; a presenciar las magna conferencias y tantas cosas más que mes es difícil enumerarlas.
Este año regresaré al E3, pero no estaré solo. Gran parte del equipo de ENTERmedia.MX estará cubriendo en vivo y en directo lo más importante que ocurra desde Los Angeles. Y la verdad, estoy tan emocionado como la primera vez. ¡Vivan los videojuegos!
Antes de despedirme me gustaría saber, ¿qué esperan de este E3 2012? ¿Están emocionados por la Wii U de Nintendo? ¿Creen que Microsoft presentará la sucesora de la Xbox 360? ¿Tendrá Sony sorpresas para el PS3 y PS Vita? Espero sus comentarios.
